EL BAR DE JULIÁN

En aquel bar podías descubrir el cielo y el infierno casi mezclándose, era ese tipo de lugar al que llegaban los sueños de la mano del talento, dejando a su paso esa atmósfera casi mágica, relacionándose con las carencias humanas más deleznables. Ese rincón en el que se permitía ser de manera independiente, donde la chispa se convertía en espectáculo y el esfuerzo de tantos artistas se veía recompensado, a veces en el contacto del mayor o menor público (casi siempre lo segundo), que totalmente entregado, convertía si no a los hombres en dioses ni a los dioses en hombres, a estos últimos en seres endiosados.  Otras veces podías casi palpar egos sin ningún equilibrio, aspirando siempre a más, bajo la repugnante máscara de la humildad. La que fue una casa con la libertad por bandera para muchos, también para él, había quedado en un rincón donde alguna vez la vio y donde la esperanza de encontrarla le hacía volver constantemente en busca de la casualidad.

Ella, que no era en la cabeza dónde tenía el cerebro, que no había tenido infancia y que podía estar sin respirar durante mucho tiempo, dejó todo para saltar al vacío y aunque venía de otro planeta, consiguió adaptarse fácilmente a éste, quizás por su sonrisa, por sus ganas locas de vivir, por ese brillo en la mirada de quien ya conoce demasiados secretos y ha visto tantos caminos equivocados. Ella, que reconocía los escombros por muy grueso que fuera el muro tras el que él los escondía, encontró aquella oscuridad muy familiar, y le llamó canalla, sin conocerle, como el animal que grita herido. A menudo podía creer sin ver, por eso el ambiente de aquél sitio la tenía totalmente enganchada, ya sabía antes de leerlo que había sido un lugar de encuentro literario.

Conocía aquella antigua idea de las almas viejas que tienden a encontrarse, por eso cuando reconoció ese mundo como algo vivido, su cuerpo se tensó, el miedo que le entró por la boca, ahogándola, se instaló en el centro del estómago como un puño invisible que no permitía la respiración. Era una mujer fuerte y valiente, con manías tan excéntricas como pasear sola en la calma que solo se disfruta durante la noche, no se establecía en ningún lugar, disfrutaba viviendo en total libertad sin cadenas, y sin embargo, con la respiración rota y las piernas temblando supo que después de toda clase de experiencias, lo había encontrado. Así que decidió hacer lo más complicado de hacer en estos casos: huyó.

Anuncios

DESPEGAR PARA DESPERTAR

Hubo un tiempo en el que ni me planteaba salir de la isla donde nací y me crié, cuando empecé a pensar en estudiar fuera un año la idea me producía taquicardias. Ya notaba que algo no era sano cuando lo proponía entre mis amigas de entonces y era algo así como otra de mis alocadas ideas. Lo tenía todo bien asegurado en mi zona de confort, familia, amigos, estudios, el trabajo que hubiera o actividades que me gustaban, y sin embargo la aventura constantemente me llamaba a gritos.

Vistas desde el Roque Nublo, Gran Canaria             

Estas conocidas zonas de dependencias en las que vivimos, que en muchos casos nos transforman en esclavos casi inconscientemente, vienen acompañadas de comodidad y ansiedad a partes iguales. El miedo a la soledad nos acaba alejando constantemente de aquella pregunta que muchos nos hemos hecho en más de una ocasión, otros quieren evitar y pocos han sido capaces de responderse: ¿Quiénes somos en realidad?

Hoy escribo desde mi hogar, al que siempre quiero volver, pero del que me resulta tan necesario salir para descubrir el mundo, y tengo el corazón listo para compartir la aventura. Mañana estaré a 2.000 km de aquí como mínimo, pero con tantas idas y venidas las distancias se ven desde otras perspectivas. Quizás porque pasé por ese punto de inflexión en el que la vida parece romperse y ya nada vuelve a ser como antes. Supongo que tantos abrazos me sujetaron constantemente, me salvaron y elegí luchar como una auténtica leona, también tenía un motor desde que cumplí los cuatro. Decidí ver la belleza cada día en las cosas simples, tomé conciencia de lo que significa el tiempo en la vida humana. Como siempre dice una buena amiga; todo es cuestión de despertar y fluir, sigo trabajando en esto Y. , ¡Gracias!.

Auditorio Alfredo Kraus, Las Palmas de Gran Canaria.

 

Camino hacia las respuestas, y aprovechando el regalo de ser tía por partida doble, he rebuscado en la niña que fui. A medida que he seguido el viaje he descubierto la similitud que tienen los más pequeños en cualquier parte del mundo, traducida en las sonrisas limpias. Antes suponía que era por la inocencia del mundo infantil, y sin embargo, me di cuenta de cuántos resilientes trasmiten la misma sensación de inocencia. Los nómadas actuales que he ido encontrando son personas muy diferentes en general, y que practican diferentes estilos de vida, pero con algo en común: ganas de vivir en constante cambio, evolucionando hacia la mejor versión de sí mismos. Hacen de sus vidas una mezcla entre los niños que han sido, disfrutando de cada oportunidad para aprender. Y además, las experiencias que acumulan del largo viaje que son sus vidas les aportan grandes dosis de calma y una visión especial del mundo, adaptándose constantemente a cualquier situación, sabiendo que su felicidad solo depende de ellos mismos.

 

Porque nadie nos lo explica en los colegios, pero el dolor más profundo solo es aliviado con el amor real y cuando todo parece que se acaba, paradójicamente es cuando nos aferramos a lo bueno que alguna vez experimentamos. Muchos de los que pasan por ahí, resilientes, nómadas o simplemente adultos conscientes, eligen bailar al son de la música que más les apetece, vuelan libres y pasan por las historias decidiendo cuáles vivir. Aun ando en la tarea de averiguar que tipo de nómada soy, si es que encajo ahí. Desde que tengo uso de razón encontré en la escritura un medio para comunicarme con mayor facilidad, puede que alguien me lea y se anime conmigo en esta aventura que hoy empieza. Para mi será a contrarreloj, pero al menos permanecerá algo mio en estos textos: la búsqueda constante de la felicidad, la renuncia a lo impuesto y la defensa de las vidas alternativas en sociedades tan inflexibles e intransigentes. Este es mi mundo, el del estilo nómada de las almas libres, ¿encontraré a las otras veintinueve?.