El día del entierro

Desde que nuestro profesor de escritura creativa, Eduardo Vilas, nos propuso el reto de continuar la historia de El día del entierro, supe que sería una tarea si no imposible, bastante complicada. Creo que casi nadie puede imitar el tono, y los descomunales recursos literarios de Edith Wharton. Sin embargo, con el fin de comprobar cuánto me queda por aprender para lograr una escritura tan mágica acepté el reto. No será comparable ni por un segundo a la obra de la gran escritora, pero quería compartirlo por aquí con todos ustedes, 214 nómadas alrededor del mundo y conectados.

Gracias por leerme y acompañarme, espero que disfruten un ratito con esta historia, sería la continuación del capítulo 1 del famoso libro.

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El tiempo pasó a ser un enemigo cruel y despiadado para Ambrose Trenham, de la misma forma que el funeral y el entierro habían pasado volando, los días posteriores no eran sino una repetición aburrida y absurda. Sin embargo, él sabía que su comportamiento frío, anteriormente achacado al dolor, iba a ser de nuevo examinado al detalle. Creyó que sería una buena idea aceptar el consejo de sus compasivos vecinos y permanecer un tiempo en aquella casa, completamente desolada. Observaba cada rincón de aquel habitáculo con aversión y por su cabeza pasaba una y otra vez el temido secreto, allí encerrado. Comenzó a sentirse angustiado, casi esclavoa causa de guardar las apariencias. Durante su cautiverio, Trenham había desarrollado –el racional, el insensible – la facultad de fingir la tristeza más desgarradora del luto. Cuando pasó un mes, que le había parecido un año, el profesor Trenham decidió que era hora de volver a la universidad.

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Antes de su reincorporación confeccionó una exhaustiva tabla de horarios y sitios que tendría que evitar para no coincidir con Barbara Wake. De esta forma logró pasar desapercibido las primeras semanas. Solía imaginar que en unos meses todo volvería a la normalidad, pero algo empezó a ir en contra del plan trazado. Se sentía constantemente observado. Cada vez con mayor frecuencia podía notar una mirada acosadora que le acompañaba en todo momento durante el día, logró perturbarlo hasta el punto que algo en el estómago se le retorcía. Ambrose sabía perfectamente de quién provenía, pero intentaba no darle importancia y continuar su rutina. Lo que en principio eran miradas aisladas, se transformaron en un acoso constante, encontraba ala incansable Barbara Wake persiguiéndolo por cualquier pasillo, dejándole notas en cualquier esquina, mensajes con compañeros y llamadas amenazadoras casi a diario. A Trenham le resultaba rocambolesca la sola idea de volver a verla. Después de todo se atrevía a establecer contacto con él, ¡como si no le hubiera bastado con lo que había ocurrido!

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Claro que todo aquello le pareció poco en comparación con las semanas que le esperaban. Los parientes de Milly escribieron contando que una tal Barbara Wake se había puesto en contacto con ellos, Ambrosse Trenham, en ese mismo instante, sufrió un episodio psicótico delirante agudo, causado por el estrés del luto y la reanudación de la actividad de una forma prematura, según le informó después el Dr. Lanscomb, que le obligó a permanecer en casa sedado. El viudo sabía que el secreto no podría permanecer para siempre oculto, empezaba a carcomerle, seguramente terminaría por volverse loco.

– Sabemos que está usted pasando un momento muy duro señor Trenham, sus vecinos y la comunidad universitaria están preocupados. – Entonó el doctor con aquel tono que se utiliza para hablar a los desquiciados.

– Supongo que han sido unos meses angustiosos, ¡pero ya me encuentro mejor!- Exclamó Trenham.

El Dr. Lanscomb, que le miraba de reojo y apuntaba en un cuaderno sus constantes le recetó unas pastillas y se despidió. Por su gesto Ambrose supuso que tenía cierta prisa, quizá alguna emergencia.

-Llámeme a cualquier hora del día si algo no va bien, ahora tengo que ir a casa de los Wake, la hija pequeña, Barbara, lleva unos meses con unas extrañas náuseas…- Cerró la puerta y se alejó.

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En ese instante Trenham sintió como su mundo de apariencias junto con su buen nombre quedaba completamentedestruido. El golpe seco y rotundo de la puerta acabó con el secreto y de paso con la doble vida que hacía mucho tiempo llevaba. En aquel momento, su estatus social en Kingsborough quedó totalmente devastado, Barbara Wake portaba la materialización de su secreto.

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4 comentarios sobre “El día del entierro

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